Selección del Editor
Por Sarah Muñoz
El Código Da Vinci
Dan Brown
Umbriel, 2003
Robert Langdon, experto en simbología y profesor de Harvard, se ve inmerso en una persecución a través de la historia desatada con el asesinato de Jacques Saunière, el curador del Louvre. Culpado por la muerte de Saunière, encuentra una aliada en Sophie Neveu, una criptógrafa que es además la nieta del curador, de quien se ha alejado desde hace años. Aparentemente, Saunière ha dejado sofisticadas pistas acerca de su muerte que sólo estos dos especialistas pueden resolver juntos. Muy pronto descubren que el curador era nada menos que el Gran Maestro de una de las sociedades secretas más antiguas del mundo, el Priorato de Sión, cuya misión es proteger de poderosos enemigos el Santo Grial y la verdad que encierra, y entre cuyos ilustres miembros a través de la historia figuran Sir Isaac Newton, Víctor Hugo y Leonardo da Vinci, entre otros.
Aunque es una obra de ficción, El Código Da Vinci ha conseguido incitar millones de dudas (y muchas búsquedas en Internet) acerca de la Cristiandad y de dos mil años de historia occidental, entre ellas, el papel de la mujer en la Iglesia primitiva, la verdadera identidad de María Magdalena y antiguos rumores sobre ciertas sociedades secretas. Información basada en hechos reales se mezcla con interpretaciones alternativas, suposiciones y fantasías, y es precisamente en la figuración de lo que pudo haber sucedido en lo que radica el verdadero placer de esta trama. A medida que avanza la historia, cierta nerviosa emoción se apodera del lector, sobre todo cuando se ve cuestionado su sistema de creencias. Pero sobre todo, este controversial thriller está hecho a la medida de los amantes de las tramas de suspenso que estén dispuestos a dejar a un lado su incredulidad —como se debería hacer al leer ficción— para disfrutar la lectura. Los dos personajes principales emprenden una verdadera carrera para salvar sus vidas, reinvindicar sus nombres y encontrar el más grande secreto y salvaguardar su verdad, protegida desde los tiempos de Cristo de las fuerzas más influyentes del mundo. Eso es mucho pretender en sólo 24 horas, pero el ritmo del libro es tan vertiginoso que apenas da tiempo para acusar sus fallas: el lector se atreve a perdonar al autor la poca solidez de sus personajes, los repentinos flashbacks y el final apenas convincente, porque la acción nunca se detiene.
Aunque a veces emplea elementos narrativos bastante trillados, El Código Da Vinci aún resulta sumamente entretenido, en particular cuando se compara con los libros “de trama lenta” que abundan en las librerías. Si bien los “hechos” que emplea Brown en la novela son polémicos y no están totalmente comprobados, hay uno que sí está más que confirmado: la versión cinematográfica ya viene en camino.


