Lago Atitlán: El Edén en la Tierra de Guatemala
El lago Atitlán, en Guatemala, ha sido llamado "lo más cercano que existe en la Tierra al Paraíso". Ubicado en la zona montañosa central de Guatemala, el lago se halla entre tres volcanes decididamente impresionantes —San Pedro, Tolimán y Atitlán— y es, con 305 metros de profundidad, el lago más profundo en el hemisferio occidental. Ademas de infinidad de paisajes extraordinarios, el lago Atitlán tiene mucho más que mostrar.
Las antiguas tradiciones, creencias y ocupaciones del pueblo maya están preservadas aquí en las vibrantes telas que los amistosos y cálidos pobladores confeccionan y venden en los muchos mercados de los pueblos que rodean el lago. Aquí, en pleno corazón del mundo maya, mi amigo guatemalteco Carlos Vivar nos mostró a mí y a mis compañeros este fascinante lugar.
Decidimos alojarnos en el Porta Hotel del Lago, en Panajachel, en la orilla norte del lago. "Pana", como es comúnmente conocida, fue en cierta ocasión una pequeña aldea kaqchikel maya. Hoy día, en este pueblo turístico se puede encontrar una estupenda mezcla de tiendas, cafés, restaurantes y hoteles. Apodada "Gringotenango" por los lugareños debido a los muchos turistas que visitan la localidad, Pana queda a sólo unos 145 kilómetros de Ciudad de Guatemala, y tiene una atmósfera relajada y una ubicación que resulta ideal para explorar el lago.
Después de registrarnos en el hotel, manejamos rumbo norte hasta llegar al pueblo de Sololá para ver el animado mercado de los viernes. Al llegar, encontramos que la plaza central de Sololá estaba repleta de actividad. Comerciantes y habitantes de todas las colinas de los alrededores llenaban la plaza y las calles adyacentes, regateando y vendiendo sus muy diversos artículos. Me senté en una esquina y me puse a admirar la ropa de vistosos colores que vestían los lugareños.
Por la mañana, subimos a una pequeña lancha rápida que lleva a los visitantes a las aldeas que rodean el lago. "Qué calmado es el lago", dije mientras subíamos a la embarcación. El Chino, nuestro lanchero, hizo una mueca y encendió el motor. "Espere un poco y verá", me dijo Carlos sin darme más explicaciones.
Nuestra lancha apuró la marcha a través del agua y se dirigió hacia la aldea maya tzutujil de Santiago Atitlán. Alrededor del lago, los tremendos volcanes eran como enormes y silenciosos centinelas, con sus conos casi ocultos por densas nubes blancas. Cerca de nosotros, en la orilla, las mujeres lavaban ropa en el agua, mientras los niños jugaban sin parar en la arena.
Santiago se levanta en una de las isletas que están en el flanco oeste del volcán Tolimán. Junto a Pana, es el asentamiento más visitado de todo el lago, y todavía muchos atitecos (como se conoce a la gente de Santiago) mantienen el estilo tradicional de vida de los maya tzutujil, tejiendo y usando huipiles (coloridas blusas bordadas a mano) y vendiendo sus artesanías y otros objetos en los visitados mercados de los viernes y los sábados.
Paseamos por la calle hasta llegar al muelle, deteniéndonos en una tienda para comprar máscaras multicolores, y luego abordamos un vehículo que nos subió por toda la colina hasta el templo de Maximón.
El travieso Maximón es un dios reverenciado a lo largo de todo el territorio guatemalteco. Parte diablo y parte santo, el ídolo se traslada de una casa a otra todos los años, de modo que hace falta un guía para saber dónde encontrarlo. Por un quetzal o dos, cualquier joven atiteco lo ayudará con gusto.
Aunque es una combinación del Judas bíblico, el conquistador Pedro de Alvarado y varios dioses mayas, se cuenta que Maximón tiene un poder sobrenatural para curar enfermedades y provocarle desgracias a sus enemigos, y muchos de los lugareños le rinden homenaje con la esperanza de que pueda ayudarlos. Para entrar a verlo hay que pagar un pequeño costo de entrada. El templo de Maximón es una habitación llena de humo, apenas iluminada, donde varios asistentes tranquilamente sentados están a cargo de las ofrendas que traen los visitantes. Por lo general, el lugar está presidido por un miembro de la cofradía (la hermandad católica maya), y entonces vimos a Maximón. Se trata de una figura de madera que fuma puros, tiene puesto un sombrero y lleva los hombros cubiertos con coloridas bufandas de seda. Saludamos a los que lo cuidan y luego le ofrecimos a Maximón un pequeña botella de ron Venado (su bebida favorita, nos dijo Vivar) para que calmara su sed y algunos puros para que los disfrutara.
Nuestra próxima parada en el lago, San Antonio Palopó, está enclavada en el borde de una colina, y tal parece que fuera a caerse al agua. En la orilla, familias enteras se sientan para limpiar los cebollinos que se cosechan en los campos cercanos. Les compramos varias de las famosas artesanías a los vendedores mientras caminábamos rumbo a la iglesia colonial, que se construyó en la parte más alta de la colina.
De regreso a la lancha, el agua empezó a tornarse picada, el cielo se oscureció con ominosas nubes grises. Chino encendió el motor mientras gruesas gotas de lluvia comenzaban a caer a nuestro alrededor. "Se acabó la calma", dije pero Vivar explicó que no era más que la manera en que el lago nos estaba enviando un mensaje. "Cuando el agua se agita, eso significa que en ese momento el lago está diciendo que quiere estar solo", dijo Vivar.
A la mitad de la travesía por el lago, el cielo se cerró por completo y nos cayó encima un aguacero descomunal. Llegamos empapados y atracamos en el Hotel y Restaurant Tolimán, donde un muchacho nos esperaba en el muelle con un montón de paraguas. A pesar del súbito diluvio, el sitio para almorzar no podía ser más espectacular: el poblado cafetalero de San Lucas Tolimán está al pie del volcán Tolimán, y el restaurant se encuentra rodeado de exuberantes jardines a la orilla del lago.
Esa misma noche, la cena en Pana fue algo formidable. Vivar nos llevó a la Pupusería Cheros, donde los dueños, sus amigos Ricardo Rochac y Carmen García, nos invitaron a que hiciéramos nuestras propias pupusas salvadoreñas: gruesas y riquísimas tortillas de maíz rellenas con una mezcla de queso, frijoles o carne. Después, cuando ya nos íbamos, le pedí a Ricardo una tarjeta del negocio, y buscó por todos lados frenéticamente sin hallar ninguna. De repente, se quitó la camisa y me la regaló para que nunca me olvidara de "Pupusería Cheros", que la camisa tenía escrito en el frente. "Por una buena amiga, me quito la camisa", dijo. Fue algo que de veras me emocionó.
Nuestra última mañana manejamos hasta la Reserva Natural de 100 hectáreas San Buenaventura, una antigua plantación de café que está en el valle cerca de los caminos que descienden de Sololá. Detrás de las altas cimas repletas de un misterioso bosque tropical, nos preparamos para nuestra descarga mañanera de adrenalina: un viaje de deslizamiento entre las copas de los árboles, también llamado canopy.
El viaje es una subida de 25 minutos a través de la densa selva. Escalando a lo largo de un camino bajo la sombra de enormes árboles, pude ver algunos monos araña que se escondían juguetones detrás de la espesa vegetación.
Cuando llegamos a los cables, hechos como una serie de seis diferentes líneas de velocidad, me sentía realmente ansiosa por empezar. Mientras me deslizaba por encima del dosel vegetal pude contemplar desde una vista de pájaro este maravilloso lugar. Una asombrosa belleza natural, enigmática cultura y gente cálida y amistosa: no en balde llaman al lago Atitlán "el Edén en la Tierra de Guatemala".
Para más información, visite la página visitguatemala.com.
Diez cosas que hacer en lago Atitlán:
- Visite el mercado al aire libre en Sololá.
- Coma pupusas con los lugareños en la Pupusería Cheros, en Panajachel. Como postre, saboree el chocolate puro de Guatemala, al cruzar la calle, en Dina's Chocolates. Ambos establecimientos están en la esquina de Calle Principal y Avenida de los Árboles.
- Tome una de las lanchas y dé un paseo alrededor del lago, en el que podrá visitar San Pedro, Santiago Atitlán y San Antonio Palopó.
- Salga de compras y busque los bellísimos y tradicionales vestidos tejidos a mano en San Antonio Palopó.
- Practique parasailing, bucee, nade o pesque en el lago.
- Visite la Reserva Natural San Buenaventura, donde podrá contemplar un santuario de mariposas, practicar senderismo o deslizarse entre las copas de los árboles.
- Suba a la azotea del Porta Hotel del Lago para extasiarse con una colosal vista panorámica del lago.
- Escale los imponentes senderos del volcán para hacer ejercicio y admirar desde allí vistas fantásticas (algunos de los caminos son peligrosos, de modo que mejor infórmese primero antes de aventurarse).
- Explore la vida nocturna de Pana. La mayor parte de los clubes y bares del área están localizados alrededor del extremo sur de Calle de los Árboles.
- Olvídese del mundo y siéntese en calma y absolutamente relajado junto al lago.
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